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Colegio Profesional de Antropólogos de Lima - CPA Lima

José Carlos Mariátegui La Chira visto por Jorge Falcón Gárfias

Entrevista: Antonio Rengifo B.
Lugar: Ántero Aspíllaga 300 San Isidro, Lima.
Año: 1979


A.R. Señor Falcón, usted nos ha sorprendido con el alumbramiento de dos libros: Anatomía de los 7 Ensayos de Mariátegui y Amauta, polémica y acción de Mariátegui, en el lapso de tres meses. A pesar de que usted ha dicho que no han sido producidos “a impulso de ocasión circunstancial”, como advierte en el primer libro. Podría decirnos ¿desde cuándo data la concepción de sus obras y cómo fue el proceso?


Jorge Falcón, mariateguista
Nació en Lima el 10 de agosto 1908. Escritor autodidacta, periodista y editor. Trabajó desde los 15 años. En 1931 fue apresado por su militancia política y confinado en la selva de Madre de Dios, de donde fugó hacia Brasil.

J.F. Bien, con mucho gusto. En primer lugar, es exacto que no han sido escritos por una razón circunstancial; porque estos dos libros son parte, en realidad, de una obra muy amplia que comencé a trabajar en el año 72, y que tiene como contexto, lo que podríamos decir, el estudio de las ideas en el Perú de 1885 a 1930. Abarca desde la aparición de González Prada y del Círculo literario, de la formación de Movimiento obrero, de la aparición de la idea socialista hasta alcanzar la etapa propiamente dicha de Mariátegui. Todo esto juega en torno a la figura de José Carlos, porque precisamente él viene a ser la culminación del estudio. Estando en esto, surgió la circunstancia de una conversación con Sandro Mariátegui y, hablando justamente del Cincuentenario de los 7 Ensayos, le dije que tenía entre las cosas escritas una parte que se llamaba Anatomía de los 7 Ensayos; entonces él de inmediato me dijo: “bueno, eso lo editamos”. De allí es que se desglosa, de todo ese trabajo, el primer libro; así como el siguiente, Amauta polémica y acción; e inclusive, el tercero que está en prensa: Mariátegui, arquitecto sindical.

Mariátegui intenta conformar un equipo de investigación

A.R. En Anatomía de los 7 Ensayos de Mariátegui usted nos informa que Mariátegui quiso acometer la interpretación de la realidad peruana en equipo; pero, se quedó solo y solo realizó una obra extraordinaria. Sin embargo, le preguntaría: ¿por qué hasta ahora no se puede realizar un esfuerzo colectivo para investigar nuestra realidad?

J.F. Se podría responder que por el mismo carácter subsistente del trabajo individualista de los intelectuales. Al respecto, le podría contar como anécdota –que no está en el libro, porque no viene al caso- que más o menos por el año 34 ó 37 se conformó un equipo para hacer un estudio de los 7 Ensayos; se llegó a hacer una reunión distribuyéndose el trabajo entre los presentes para que, posteriormente, presentaran proyectos sobre cada uno de los ensayos; si hubo una segunda o tercera reunión habría sido mucho; por ahí aún se encuentra entre mis papeles el proyecto que iba a presentar sobre El Proceso de la literatura, pues ése fue el encargo que me correspondió. Después hubo otros intentos como el que ocurrió el año 43 ó 44 de formar el Instituto José Carlos Mariátegui como una entidad específicamente de estudios de la obra de Mariátegui; naturalmente, esta idea también cayó en el vacío. Y cuando se formó el Instituto José Carlos Mariátegui no se tuvo, desde el principio, el propósito ni la orientación de hacer un estudio de la obra, presencia, significación, etc. de Mariátegui en nuestra historia. Y así sucesivamente.

Entonces, encontramos que es muy difícil, no quiero decir imposible que los intelectuales se reúnan – no sé si los jóvenes lo puedan hacer- para trabajar en equipo. También le podría decir que cuando quise hacer una revista que se llamaba “Estudios peruanos”, yo mismo la diagramé y hasta me propuse pagar las colaboraciones. De todos los invitados, el primero que me contestó fue el más conservador, Alberto Ulloa Sotomayor, quien me dijo que colaboraría con tal tema y que me entregaría originales para tal fecha y que de la remuneración no me preocupara, porque él ya sabía, en verdad, que es lo que yo estaba haciendo. En cambio, el resto de amigos, allegados, etc., pues, sencillamente, rehuyeron su colaboración.

A José Carlos también le había sucedido lo mismo. El piensa crear seminarios de estudios e incluso da los nombres de quiénes son sus candidatos, además, él no queda en la idea; sino que avanza hasta presentar algunos inicios del trabajo que personalmente realizó. Sin embargo, tiene que acometer solo la tarea frente a la ausencia de cooperación.

Pero, la cosa no queda ahí, pues, toda esa tendencia se expresa hasta en la propia universidad. En la universidad faltan realmente seminarios para determinados asuntos, para el esclarecimiento de una serie de problemas.

De lo expuesto a usted, yo pienso que es un fenómeno de falta de coordinación ideológica, de desarrollo de la organización política que logre concentrar a los trabajadores intelectuales para que éstos presten su cooperación con un plan de trabajo de largo aliento.

Después de la muerte de Mariátegui y aparte de lo que le he referido, también hubo un “Instituto de Estudios peruanos” que animaba Jorge Núñez Valdivia; pero, igualmente, la producción fue cero. Y si hay ahora, desde algunos años, un nuevo Instituto de Estudios Peruanos es debido a una base económica; pero, por lo general, tampoco sus trabajos son de conjunto, de equipo. De lo que en realidad se trata es de la adquisición de una serie de autores que hacen sus propios libros y este Instituto hace las veces, en buena cuenta, de un editor; aparte de lo que pueden tener ellos de conversación, intercambio de ideas, etc. Pero, en el fondo, se trata de una labor editorial bien asentada económicamente.

A.R. Eso en cuanto a la forma de encarar el conocimiento de la realidad peruana, los problemas nacionales; pero, continuando específicamente sobre Mariátegui, recuerdo que en el año 1960 para conmemorar los 30 años del fallecimiento de Mariátegui, remitió una encuesta a una serie de intelectuales y en la revista Hora del hombre, dirigida por usted, se editó un número conmemorativo. Ahí dice que la respuesta a esa encuesta y a ese esfuerzo que hacía para conmemorar a Mariátegui no fue tanto como el esperado y que, incluso, usted tuvo que hablar a nombre propio en vista de las muchas ausencias que hubo.

J.F. Buena memoria. Así fue, efectivamente; pero ése no era el primer intento, sino el segundo: porque el año 45 promoví un homenaje internacional a Mariátegui y a Vallejo que salió en el número nueve de Hora del hombre y ahí si no me equivoco, publiqué la relación de los invitados, lógicamente las ausencias fueron muy notables. De modo que es una experiencia amarga que se acopla, digamos así, a la experiencia de José Carlos.

Es difícil hacer algo en el país –o era, si las cosas han cambiado en algo actualmente- con amplitud, sin autocensurarse. Y es por eso que al número que usted se refiere precisamente de Hora del Hombre-Problemas americanos –el número tres- fue el último de la aventura; porque, infelizmente, más eran o fueron las fuerzas resistentes y hasta en sentido activo, negativas, que las fuerzas concurrentes a este esfuerzo.

Además, podríamos decir que como accidental coincidencia, cuando yo programé y comencé a divulgar la creación de Hora del hombre-Problemas americanos (digo “creación” en lugar de “reaparición” o “segunda etapa” porque ya la revista tenía otra visión), apareció, como una respuesta del ambiente, otra revista con el mismo formato, con las mismas características de la que yo estaba diseñando; me habían declarado una competencia fatal.

El APRA intenta minimizar la figura de Mariátegui.

A.R. Desde hace más o menos dos años se ha desatado una campaña aprista por tratar de minimizar la figura de Mariátegui. En dicha campaña destaca como principal animados Luis Alberto Sánchez. Sánchez tiene prestigio intelectual de antigua data y, además, es un contemporáneo de Mariátegui; por ello, considero que usted es la persona indicada para contrarrestar la campaña aprista que trata de desnaturalizar el pensamiento de Mariátegui, más que cualquier joven marxista; sobre todo, por el gran conocimiento de la época de Mariátegui y por haberlo conocido personalmente. Usted mismo en su primer libro que publicó en diciembre del 78 –Anatomía de los 7 ensayos de Mariátegui- dice: hace 60 años de algún día de 1918, yendo del colegio a casa y pasando por la redacción de “El Tiempo”, mi hermano César Falcón me presentó a José Carlos Mariátegui; y a quién, posteriormente, vio varias veces. Además, su hermano César era amigo íntimo de José Carlos; tal era así que a ambos le decían “la yunta brava” porque estaban siempre juntos en múltiples andanzas. Entonces, quisiera que usted nos relate su conocimiento directo de José Carlos.

J.F. Bueno, en cuanto a Sánchez, yo he salido al frente solamente para esclarecer algunas cosas. Podría haberle puesto lo que él escribió en abril del 29 y que se publicó en Mundial; ahí llega a finalizar su artículo diciendo que seguirá la senda de José Carlos. Ahora si Sánchez campea como lo hace es porque la gente lo considera “intocable”; entonces, juega, no solo con el pensamiento de Mariátegui, sino con la historia y con la anécdota, como por ejemplo –a propósito de anécdota y para seguir hablando de éste señor- uno de los últimos artículos que ha publicado en el diario “Expreso” se titula Funeral y comienza diciendo que tiene grabado en su mente el funeral de José Martí, que ocurrió, cinco años antes de que él naciera; que recuerda el funeral de un señor portorriqueño –que en este momento no recuerdo su nombre-; bueno, recuerda el funeral de Irigoyen en Argentina, que él sólo lo vio; recuerda el funeral de Piérola cuando él tenía 13 años, que lo vio; recuerda el funeral de Seoane, para hablar del funeral de Haya de la Torre que ha sido “el gran funeral del mundo”; pero en su memoria no está grabado, no recuerda el funeral de Mariátegui; inclusive, ya entrando en la anécdota, no recuerda el funeral de Yerovi. Y ni siquiera en una de las tantas revistas de izquierda le hacen esta pequeña reflexión; porque sencillamente campea –como dije antes- la imagen de las gentes consideradas “intocables”; lo que en buena cuenta pasa con Basadre y con una serie de gentes.

Entonces, tiene una suficiencia absoluta en su prestigio y están confiados en que nadie les refute. Eso ha pasado, como usted ha visto, con la carta que he anexado al volumen de Anatomía de los 7 Ensayos; la carta la puesto ahí porque la revista “Caretas” no la quiso publicar. Se trataba de una simple aclaración; tampoco la publicó la revista “Oiga”. Estas dos revistas se dicen defensoras de la libertad de expresión; sin embargo, no la acogieron porque se trataba de Basadre. Por la misma razón la Asociación Nacional de Escritores tampoco ha presentado mi libro.

La relación Mariátegui/Jorge Falcón

En cuanto a mi conocimiento directo de Mariátegui, como trato humano, le diré que traté bastante a José Carlos. Las razones, las circunstancias, usted las ha dicho. Pero no solo inicialmente, sino, debo decirle que en todo el proceso de mi relación con Mariátegui está en razón a la amistad de José Carlos con mi hermano César. De niño yo iba al diario “El Tiempo” y después a “La Razón”. Mi colegio estaba a media cuadra del local de “La Razón”, entonces a las cuatro de la tarde cuando salía del colegio y en el trayecto a mi casa entraba a ”La Razón” y así conocí a todo el equipo de redactores. A algunos, después, los traté frecuentemente, como a Humberto del Águila, por ejemplo. El “Charapa” del Águila vivió en mi casa; porque cuando César viajó a Europa, le pidió a mi madre que le dejara su cama y su sitio en la mesa a Humberto del Águila; entonces del Águila vivió un años más en mi casa. Con Antenor Fernández Soler he sido muy amigo; así mismo, con Moisés Vargas Marzal, etc., y otras gentes que incluso no figuran como Fernández Paredes quien era un asiduo concurrente a “La Razón”, al igual que Luis Ernesto Denegri. Esa, efectivamente, es una relación de infancia, una relación familiar, que se mantiene cuando Mariátegui está en Europa porque mi madre se ve con la madre de José Carlos; algunas veces acompañé a mi madre a la casa de José Carlos. Luego cuando el regresa el año 23 hasta su muerte el año 30 continuamos manteniendo esa vinculación. Conforme avanzan los años, yo me hago de la tarea de llevarle a José Carlos los encargos que César le hace a mi madre y, posteriormente, los encargos me los hace a mí directamente para trasmitírselos a Mariátegui.

A fines de 1924, cuando me iniciara como periodista en el diario “La Prensa” y me tocaba informar de los aconteceres policiales de los balnearios del Sur, yo concurría todas las tardes a casa de José Carlos cita en Leuro, Miraflores, a mostrarle familiarmente las notas que había hecho como para que él me las corrigiera. Ya después cuando se instala en julio de 1925 en la casa de la calle Washington lo visito a cualquier hora del día, en algunos casos, para trasmitirle los encargos de mi hermano César y, en otros casos, de voluntad propia, asistiendo a la hora de la tertulia cuando ya recibía a todos sus amigos; también por ese lado conocí a las personas allegadas a Mariátegui.

Mariátegui y la gestación de El Problema del Indio

A.R. En su primer libro, Anatomía de los 7 Ensayos, usted dice que “Nuestro indios” de González Prada fue escrito en 1904 y se mantuvo inédito hasta 1924. Esto último me sorprende, pues yo no estaba informado y estoy por creer que son pocos los que saben eso.

J.F. Exacto.

A.R. A propósito le diré que se es proclive a afirmar que si no se cuenta con el antecedente de González Prada con su ensayo “Nuestros indios”, Mariátegui no hubiera concebido, tal como lo hizo, El Problema del indio, uno de los siete ensayos. Pero al indagar cómo se fue gestando en Mariátegui ese ensayo, usted encuentra que Mariátegui se agenció de una de las fuentes de información más importantes. Se trata de la transmisión oral, o sea la conversación amistosa e informal con hombres sencillo, como usted dice; uno de ellos fue Ezequiel Urviola al que yo le hiciera un Esbozo biográfico publicado en el año 1968. Esos hombres que vivenciaban el problema o lo conocían directamente constituían un venero de datos. El mismo Mariátegui declara en un artículo a propósito de Zulen que éste y Urviola se conocieron en su casa. Entonces, usted establece una correlación estrecha entre la relación entre esos dos grandes conocedores del llamado “problema del indio” y la publicación de El Problema primario del Perú aparecido en la revista “Mundial” el nueve de diciembre de 1924. De este artículo de Mariátegui usted dice que en correcto análisis bien puede estimarse como la primera palabra de los futuros 7 Ensayos. Como es de suma importancia lo que usted está tratando para entender la evolución del pensamiento de Mariátegui, quisiera que nos diga algo más sobre “El Problema el indio”.

J.F. Bien, esa situación llamado en primer lugar •Problema” y en segundo lugar apodado “indígena” –o sea, un sector de la realidad nacional discriminado y tratado hispanamente hablando de “indio”- es tratado muy viejamente en este país; porque ya por el año 1837 aparece un periódico “El indígena” en Ayacucho; después , por el 60 se forma la primera “Sociedad Amigos del Indio”, luego, tenemos que antes del ensayo de González Prada el parlamentario puneño Santiago Giraldo publica el libro Los indígenas en los albores del siglo XX y edita en Lima el periódico “El Indio”. En 1911 se funda la Asociación Pro-indígena de Joaquín Capello, Pedro Zulen, Dora Mayer y otros.

En cuanto a Mariátegui, específicamente, le diré que su estudio no está en la rebusca bibliográfica, sino en la aplicación de su ideología a la conversación con las gentes que viven esa realidad de explotación, discriminación, etc. Y son, pues, las gentes literaria e intelectualmente anónimas, pero que tienen mucho valor en cuanto describen la situación que están viviendo, lo que están sufriendo; este es un aporte de Mariátegui; desde luego, utiliza muy bien la información, la desmenuza y contribuye mucho a elaborar su planteamiento. Entonces tenemos que, como está visto, el problema del indio –seguiremos empleando la palabra “indio”- en Mariátegui está muy estrechamente ligado al problema de la tierra, por ello es el más breve de los 7 Ensayos, y luego tiene su trato en una serie de otros trabajos de él mismo, apreciaciones de pasada pero que llega a definir –y esto es lo importante del tratamiento de Mariátegui sobre el asunto- desde qué posición está analizando esa realidad; cuando define el problema, lo define desde la levadura socialista, y luego cuando a Sánchez le responde y le dice que el caso del indio es el caso del explotado (lo digo no en la frase de él, sino en la síntesis de ella) ahí Mariátegui está haciendo un aporte.

Como usted recordará entre la sandeces –porque no se puede llamar de otro modo, disculpando la palabra- escritas por Juan José Vega, éste dijo que Mariátegui no podía haber escrito ningún estudio sobre el indio, porque no conoció el Perú, porque no viajó por el Perú y prefirió viajar a Europa; entonces, según sus apreciaciones, como no fue un vendedor ambulante por el territorio peruano, estaba desautorizado para escribir sobre esa realidad. Vega no supo explicarse cómo surgió el aporte de Mariátegui.

Mariátegui tuvo a los mejores informadores ambulantes y no los tuvo para verlos en un escaparate ni en una fiesta pueblerina; sino para conversar con ellos sobre sus problemas, sobre su realidad. Por tanto, creo que de todas las gentes –aquí incluyo a muchos de los residentes y oriundos del lugar-, Mariátegui tenía la mejor información; porque no era una reunión con indios a base del alcohol, la música, la fiesta religiosa, ya que él no los buscaba en vista de su inmovilidad física, sino eran ellos los que acudían donde él porque tenían algo que comunicar y, a la vez, encontrar un consejo, un esclarecimiento; de modo que así obtuvo la mejor información.

A.R. Otro hecho importante en relación al Problema del indio es la asistencia de Mariátegui al IV Congreso indigenista en Lima. Mariátegui revela que Pedro Zulen y él eran los únicos asistentes no indios a ese congreso, sin embargo, los intelectuales limeños y universitarios que algunas veces hablaban del Problema del indio, estaban ausentes.

J.F. La universidad estaba ausente, específicamente diremos los universitarios, los profesores de la universidad popular, los que subjetivamente debería ser los más interesados por conocer la realidad. Aunque algunas actuaciones de esos Congresos se desarrollaron en el local de la federación de estudiantes, los que no estaban presentes eran los estudiantes. Esta es una apuntación que resulta históricamente muy interesante. Mariátegui nunca tuvo la intención de molestar a los demás; pero el tiempo convierte ese apunte en un dato, cuya significación si particulariza la inquietud, los propósitos de Mariátegui dentro de la heterogeneidad de la “nueva generación”, la “vanguardia”, los “hombres nuevos”, etc. A estos no se les puede relacionar con lo que Mariátegui dice respecto al transporte terrestre, a la importancia de los choferes para el desarrollo sindical; porque ellos manejando un camión recorren el Perú, porque en esos años ya se está recorriendo el Perú por carretera. Esta fue la gran revolución de Leguía: abrir carreteras para que transiten los vehículos automotrices.

Mariátegui vio lo que era conveniente y lo útil que era conquistar al gremio de choferes, para que sirviera de medio vivo de comunicación con los campesinos, los cuales son en su mayoría indios. Así se facilitaría a los indios el conocimiento del sindicalismo y un conocimiento político. Tan acertada es la apreciación de Mariátegui que él no se detiene en decir –como alguien dogmáticamente podría decir, entonces y ahora- “bueno, si no se hace sindicato, entonces no se hace nada”; si no todo lo contrario, si no se puede hacer sindicato, entonces hagamos una sociedad o una asociación, el nombre, el rótulo es lo de menos, inclusive club deportivo; el fondo está en nuclear, en constituir una organización donde no hay nada. ¡Ese es el fenómeno Mariátegui!

Mariátegui, Haya de la Torre y el Partido Aprista del año 1931. Las diferencias.

A.R. Siguiendo con El Problema del indio y El Problema de la tierra quisiera que, además de los contenidos en su libro, nos diga cuáles eran las diferencias de Mariátegui con Haya de la Torre y, posteriormente, con el programa del Partido aprista del año 1931.

J.F. Bueno, en primer lugar, entre el programa del 31 y lo que Haya escribió sobre el Indio y la Tierra hay una distancia como de la tierra al cielo. En las obras completas de Haya está reproducida toda la recopilación que se publicó bajo el nombre de Por la emancipación de América latina, en donde usted puede encontrar la carta a Del Barco, a Gabriel Del Mazo, etc. Ahí es donde Haya toca el Problema del Indio y el Problema de la Tierra. En este catamiento, Haya llega a hablar cuáles son las experiencias que se tienen al frente: la de México y la de la Unión soviética; entonces dice en síntesis que la de México no sirve porque la de México ha fomentado el individualismo, la pequeña propiedad, etc.; entonces, se deduce que sea la colectiva la que en buena cuenta sirva, aunque ahí no afirme expresamente que sea la experiencia de la unión soviética la que él asuma, es esa la que más se le aproxima. E inclusive coincide con Mariátegui. Digo que coincide con Mariátegui y no Mariátegui con Haya, porque ya Mariátegui –cuando Haya está escribiendo esas cosas, ya Mariátegui ha comenzado a publicar el Problema de la Tierra en artículos. Es muy interesante para todo, no solo para una relación de Haya a Mariátegui, seguir a Mariátegui o leerlo cronológicamente, son apenas seis o siete años; pero que son tan intensos y de una producción al día que se necesita o es conveniente mirar cuándo está escrita tal cosa, o cuándo está escrito tal otra. Haya llega incluso a decir que hay que hacer la revolución agraria y habla, por supuesto, de la comunidad como una célula de la socialización hasta llegar a borrar el concepto de propiedad, ya se pasa al anarquismo. Hasta ahí llega en todo eso, pero una vez que escribe ¿Qué es el APRA? Desaparece de su literatura todo eso; y repito no tiene nada que hacer: no con La APRA (alianza o frente), sino con el Partido Aprista Peruano de 1931. En el programa del 31 casi nada se refiere a Reforma agraria, el programa del 31 –tan sonajeado- en buena cuenta se trata de una serie de medidas y disposiciones gubernamentales para crear burocracia.

La diversidad biología y la diversidad genética, tienen particular importancia ya que garantizan la variación genética entre los organismos vivos. Esta diversidad genética ha sido aprovechada por el hombre desde tiempos remotos allí donde animales y plantas fueron domesticados.

El soporte moral de Mariátegui: la mística revolucionaria

A.R. Actualmente, resulta muy necesario que los partidos políticos –más aún los revolucionarios- relieven el aspecto moral en la formación de sus militantes; para ello, nada mejor, que la vida ejemplar de Mariátegui. En ese sentido, resulta pasmoso saber que Mariátegui haya hecho tanto en tan poco tiempo y en condiciones adversas. Cabe preguntarse: ¿De dónde sacaba fuerzas? ¿Cómo mantiene su fe y en qué se apoya?


Alianza obrero/campesina enarbolando la bandera de Mariátegui
Ilustración de Alberto Andía Escalante, pintor, grabador y dibujante cusqueño; perteneció al Grupo Primero de Mayo.
Tomada de la portada de la revista Cuadernos médico-sociales. Año V, Nº 8 Lima, enero/marzo de 1980

La respuesta, en el plano social, la encontramos en su relación con la clase portadora de un nuevo orden social –la clase obrera- y en su participación en la lucha de clases; ahí está su fuente de sustentación. El mismo José Carlos lo revela en la carta que enviara a los redactores de la revista “Claridad” –órgano de la Federación Obrera Local- cuando aún se encontraba restableciéndose en Chosica de la amputación de la pierna. Como esta carta es bella y reconfortante, además, porque ha sido poco difundida, me permito extraer unos párrafos de la misma: …Quiero defenderme de toda influencia triste, de toda sugestión melancólica. Y siento más que nunca la necesidad de nuestra fe común. (…) Nuestra causa es la gran causa humana. A despecho de los espíritus escépticos y negativos, aliados inconscientes e impotentes de los intereses y privilegios burgueses, un nuevo orden social está en formación. (…) Obedezcamos a la voz de nuestro tiempo. Y preparémonos a ocupar nuestro puesto en la historia.

Bueno, Don Jorge, que nos puede decir respecto a las preguntas que le hemos formulado líneas arriba.

J.F. José Carlos no quiere estar ausente, no quiere sentirse ausente en la dirección de “Claridad” y, a la vez, tampoco quiere caer en el pesimismo. Esto es muy comprensible para un hombre que tres meses antes de que le corten la pierna está diciendo que es un poco nómade, que le gusta mucho viajar y que su amor, es el amor a la aventura. Y que de pronto lo claven en un sillón sin poder ver el sol de la calle, como él mismo decía. Además, con una madre católica que le está diciendo: hijito tienes que tener fe en Dios y resignación. En tal situación, hay que tener un tremendo coraje, una adquisición renovada de una fe poderosa en algo para cumplir la obra que realizó. De no ser así, se hubiera desmoronado; o si no, trataría de obtener comodidad y lograr que le pongan una prótesis. Pero, es la fe en la Revolución socialista –y aquí está inclusive el fenómeno del Mito- lo que fortalece a este hombre. Porque si hubiera sido como algunas personas quisieran que hubiera sido; es decir, un materialista vulgar y ateísta a ultranza; pues, sencillamente, no hubiera podido realizar tan importantes tareas en tan corto tiempo.

Si no hubiera tenido esa fe, tal vez se habría precipitado a la inmediatez de hacer cualquier acto aventurado con tal de decir, yo lo veo ahora. Felizmente, toda la tesitura, toda la levadura, todo el aliento de la obra de Mariátegui es de un carácter específico, trasciende el momento y sus resultados se proyectan al futuro; a pesar de ello, está convencido, seguro, de que esto va para más tarde. Él lo está haciendo porque eso ¡tiene qué llegar...!

Fotos:

“El Negro” César Falcón, José Carlos Mariátegui y en primer plano, persona no identificada. Playa de La Punta, Callao. César y José Carlos fueron conocidos como”La Yunta brava” porqueestaban frecuentemente juntos en múltiples andanzas.


Mariátegui en silla de ruedas con sus cuatro hijos varones:
Sandro (el mayor), José Carlos, Sigfrido y Javier (en brazos).
Casa alquilada; sita en el Jr. Washington. Ahí vivió desde 1925 hasta el 16 de abril de 1930, fecha de su fallecimiento. Esos años, desde todo punto de vista, fueron los más fecundos. Dicha casa es, actualmente, La Casa/Museo José Carlos Mariátegui.


Ricardo Martinez de la Torre, Jorge del Prado, a la izquierda; rodeando Mariátegui la delegación del sindicato de mineros de Morococha: Gamaniel Blanco, Santiago Loli, Manuel Vento, Ramón Azcurra y Adrián Sovero, en la entrada de la pérgola del Parque de la Reserva de Lima. La delegación de mineros de Morococha impulsó la organización y fundación de la Federación de Trabajadores Mineros del Perú, cuya primera sede funcionó en el distrito de Morococha. Todos los que aparecen en la foto fueron militantes del partido socialista fundado por Mariátegui. Blanco fue apresado en Morocoha el año 1931, traído a la intendencia de Lima y luego al presidio de la isla del Frontón. Falleció a causa de las torturas. Es uno de los mártires de las luchas por mejores condiciones de trabajo.

  • Requisitos
  • Para la incorporación de un Antropólogo al CPALC será necesario:

    · Dos copias legalizadas del título profesional.
    · Recibo de abono por S/.500.00 Nuevos Soles (quinientos nuevos soles).
    · Certificados legalizados de estudios de la carrera.
    · Certificado de ser egresado de la Universidad Respectiva.
    · Hoja de vida

    Los miembros del CPALC, serán registrados en un Padrón Único, que será llevado por el Consejo Directivo CPALC, debiendo éste emitir el respectivo diploma de Colegiación y demás credenciales y distintivos.

    El Decano tomará el Juramento de Honor al nuevo afiliado al entregarle el citado Diploma de Colegiación, en ceremonia especial.

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