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Bailando con Willy Colón por 13 soles


El autor Antonio Rengifo Balarezo
Antonio Rengifo Balarezo
rengifoantonio@gmail.com
Sociólogo, profesor invitado a la Maestría en Epidemiología, Facultad de Medicina, UNMSM. Lima-Perú. 1997/2000
Artículo publicado originalmente en la Revista Peruana de Epidemiología. Vol 13 No 2 Lima, agosto 2009.
http://sisbib.unmsm.edu.pe/bvrevistas/epidemiologia/v13_n2/pdf/a10v13n2.pdf
La versión actual tiene algunas modificaciones.

...se trata de eso: pagar, entrar y disfrutar de la música.
Y llegar a la casa y decir: la he pasado muy bien,
he disfrutado con la música,
que es un placer, uno de los grandes placeres.
Sea la música que sea, culta o no.
Carles Santos.
Quimera..
Revista de literatura. No. 168. Barcelona, abril, 1998.



No vayas al Callao y menos de noche y solo, te pueden hacer daño. Ahí está la gente más maleada. Este fue el consejo de mis familiares y amigos. Sin embargo, los desoí. Liberé mis impulsos vitales y acudí, el viernes 20 de agosto, a la cita con Willy Colón y su orquesta en el Complejo Deportivo Yahuar Huaca del Callao. (3er. Festival Chim-Pum Callao).

Llegué cerca de la media noche. Ni bien bajé del micro, ya una joven me ofrecía una entrada sin recargo. Era una gentileza chalaca. El ingreso se efectuó sin colas ni tumultos, en pequeños grupos. Los miembros del servicio de seguridad revisaban las ropas con amabilidad y firmeza. A pesar del doble chequeo, la chata de ron Bacardi que llevaba en el bolsillo trasero de mi pantalón se hizo impalpable. No la detectaron. Parecería que por mi buen ánimo irradiaría una aureola de santidad. Al trasponer la puerta de ingreso unas chicas me regalaron una cajetilla de cigarrillos.

Me ubiqué en la parte lateral y delantera. Luego de un vistazo a la muchedumbre me dije: el Callao es la capital peruana de la salsa. Las letras de las canciones estaban en boca de todos y se movían al son de la música. Los jóvenes hacían pirámides humanas que rápidamente se desmoronaban, unos lucían polos estampados con la bandera portorriqueña y otros el rostro del cantante Héctor Lavoe. Habían más mujeres que hombres. (Qué bacán!)

Estaba tocando un conjunto colombiano y cantaba alguien que me resultó familiar. Consulté a una autoridad, a cualquiera de mi alrededor, fue una señora que tenía una vincha del Boys; me confirmó, si era el mismo del tema La Chica de Chicago. Al poco rato interpretó ese tema. De los músicos quedé maravillado por la niña angelical que tocaba el teclado. Era cachetoncita con una papadita apetecible y un sombrerito que le cubría las cejas como si tratara de pasar desapercibida.. Sin embargo, produce tal estimulación auditiva que concita la total atención del público. Uno se pregunta quién es ese “monstruo” y cuando miramos de donde proviene los sonidos, nos damos con la sorpresa que es una nínfula.. La nínfula de la música tropical. ¡ Sí la vida no da sorpresas !

Sale la orquesta de Willy Colón y todos nos preparamos para apreciar algo extraordinario, algo así como la aparición de un cometa o el Che Guevara resucitado. Los músicos ejecutan una salsa con los variados ritmos caribeños y con su vibrante energía electrizan la atmósfera. De esta manera preparan la aparición de su Director. Se produce una retroalimentación emotiva entre Willy Colón, los músicos y el público. Es un momento similar a la Eucaristía de la misa. Todos comulgamos de la misma hostia, todos somos hermanos. La individualidad de los concurrentes desaparece. Nadie deja de bailar ni está solo. Y así llegamos simultáneamente a un estado orgiástico.

Yo, que ya estaba sazonado -pues, me tomaba un trago entre las canciones- siento una mirada puñalera que me hincaba y que provenía de mi costado. Volteo y era una chalaca que me estaba hablando con los ojos. Sin mediar palabra le pasé la chata de ron. Y entre los dos la terminamos. Ella exclamó: acá el que no baila es un huevón!. Nunca había escuchado una lisura que dejara de ser lisura, pues era oportuna y exacta. Luego añadió: Imagínate, bailar por seis soles con Willy Colón!!

Willy Cólón le rindió un homenaje musical a la memoria de Héctor Lavoe. Cantó algunos temas de él. Volví a recordar una frase de contenido filosófico de una de sus canciones: Si Dios te da limones, has limonada. Terminado el homenaje, Willy Colón solicitó al público que le hiciera peticiones. Y le llovieron: ¡Gitana! ¡Varón! ¡Idilio!, etc. Colón estaba tan bien sintonizado con los chalacos que prolongó su permanencia y complació todos los pedidos.

Antes de terminar quiero mencionar dos episodios. Colón anunció con cierto pudor que iba a cantar en inglés; pero en vista de la fría receptividad, se retractó. El otro episodio sucedió cuando los músicos se endiablaron e hicieron gala de su virtuosismo individual y de su capacidad de hechizar: todos nos quedamos inmóviles y en un silencio reverencial. Se llegó al éxtasis colectivo.

Bueno, pues, todo tiene su final, como dice Héctor Lavoe. Cuando se retiró la orquesta de Willy Colón se retiraron muchos concurrentes, entre ellos, yo también. Me despedí de la chalaca; no se quien es, ni su nombre. Lo único que sabemos es que nos gusta la salsa. A ella le costó la entrada tan solo seis soles. A mí, 13 soles incluyo la chata de ron Bacardí (cinco soles donde las chinitas de la cuadra 20 de la Av. Arenales) y los pasajes. Con poco dinero se puede gozar. ¡Chim-Pum: Callao!

Al salir encontré un micro que estaba a la espera. Tomé asiento junto a una persona que dormía como si estuviera en la suite del mejor hotel de San Isidro. Me bajé en la esquina de Los Fresnos y Javier Prado en San Isidro. Pero, bien podría haber llegado caminado a mi casa, pues me sobraban energías. Llegué a mi casa a las 4:15 a.m. le dije a Cecilia, mi mujer, la he pasado muy bien, tal como reza el epígrafe.

El Callao,
capital peruana de la salsa,
24 de agosto de 1999.

Adenda.-
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Antonio Rengifo, en el centro, con tres cantantes y Ricardo Bustamante, timbalero y director de la orquesta Calidad Latina, la Sonora Matancera del Perú. En un local del Paseo Colón de Lima.


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